Cuidado en la Acera

El mundo de Melania
21/11/2009

Corría la década de los años 90 cuando Melania entró a trabajar en el negocio de aquella suntuosa familia lusitana como cantante, animando el ambiente nocturno del pequeño restaurante.
Allí la joven conoció al apuesto de Gerardo, y pronto surgió entre ambos una impresionante química, que desafortunadamente fue lesionada por los comentarios, chismes y críticas mal sanas contra Melania.
Los padres y tíos de Gerardo hicieron todo lo que en sus manos estuvo, e incluso un poco más, para evitar que la pareja pudiese estar junta y finalmente se las ingeniaron para que el muchacho viajara a Estados Unidos para hacer contactos con algunos proveedores de equipos y víveres, mientras ganaban el tiempo suficiente para poder despedir del restaurante a la cantante, y persuadirla de no acercarse más a la familia.
Gerardo estuvo mucho tiempo fuera y Melania se deprimió, sin embargo, sus amigas y primas le ayudaron mucho, especialmente a ubicarse en ambientes capitalinos y a respirar aires diferentes.
Fue por aquella misma época en que Nielsen, un extranjero sumamente progresista que hacía negocios en Venezuela y se desenvolvía entre sus oficinas de Chacaíto, en Caracas; y su apartamento de Guarenas, conoció a Melania, a quien le habría asegurado que se enamoró de su mirada de mar y su cabellera brillante, su aliento y su sonrisa espectacular, desde el primer instante en que la vio.
Nielsen le decía a Melania, en un castellano que todavía no manejaba muy bien, que ella era su virgencita, y Melania comenzó a refugiarse en las atenciones del fortachón de ébano.
Pronto Melania iba olvidando a Gerardo, toda vez que Nielsen se mostraba como el hombre ideal para ella, sin compromiso alguno, muy cariñoso, tierno.
Había transcurrido un año desde el matrimonio. El apartamento en que Nielsen y Melania compartían sus vidas era definitivamente un rincón especial, llenó de muy buen gusto.
Melania vestía muy bien y ahora cantaba sólo por placer, y para complacer a su esposo, y nunca más pensó en Gerardo, cuya imagen terminó apareciendo en la mente de Melania como la de un cobarde.
Nielsen debía viajar muchísimo a su país y a diversos puntos de Venezuela, según le afirmaba a su esposa, para ubicar los servicios ofrecidos por la empresa que lo contrató en el exterior.
Antes de cada viaje de negocios, Nielsen se las arreglaba para convencer a su mujer de que quedarse sola en el apartamento no era bueno para ella en su ausencia, y le hacía prometer que no iría a casa sola si él no estaba, afirmándole que la inseguridad de Venezuela le daba pánico.
Ya habían pasado demasiados días sin que Melania supiera de su esposo y ella estaba muy asustada. Nielsen nunca dejaba de llamarla, e incluso le prometió llegar el miércoles de aquella semana.
Melania, que estaba con su madre y una prima, decidió ir a su apartamento para saber, y cuando llegó se percató de que la puerta del apartamento no tenía los acostumbrados seguros. Su corazón comenzó a latir cada vez más rápido, mientras su tez blanca palidecía aún más al darse cuenta de que todo el piso estaba lleno de sangre y al seguir el rastro encontró el cuerpo sin vida de su marido, tirado en medio de un inmenso charco de sangre.
Melania gritó muchísimo, al punto de llamar la atención de muchos curiosos y no podía parar de temblar, hasta que se desmayó.
El primer rostro que Melania pudo observar al recobrar el conocimiento fue el de su prima, y enseguida aparecía su madre, a quien se le notaba que había llorado sin cesar.
Melania estuvo inconsciente cerca de 4 días, y tal vez fue mejor para ella. Su familia se trasladó a Guarenas de inmediato, al conocer del crimen de Nielsen, y a partir de las investigaciones policiales pudo conocerse el oscuro mundo en que vivía el sujeto, aparentemente un hombre dedicado a contratar prostitutas a quienes golpeaba salvajemente durante sesiones sexuales terribles, para luego despojarlas de su dinero y amenazarlas.
En el extranjero el esposo de Melania había estado vinculado a una mafia de “trata de blancas”, que luego se trasladó a zonas venezolanas, donde sometían a jovencitas para que trabajaran como prostitutas, y a quienes en muchos casos amenazaban con asesinarlas o asesinar a sus familias, si no cooperaban con ellos.
Nielsen no era la cabeza de aquella horrenda organización, pero sí uno de sus importantes brazos.
Sandra fue una de las últimas mujeres que en “período de preparación” fue golpeada, abusada sexualmente y obligada a las más terribles acciones sexuales. La muchacha, de apenas 19 años de edad, y a quien habían trasladado desde Colombia a Venezuela, aceptó la propuesta de otras prostitutas sometidas por Nielsen, de ser la “sicario” que necesitaban para acabar con el dantesco sujeto.
Nielsen estuvo en el bar en que estaba “destacada” Sandra durante tres días, y luego de contabilizar el dinero y atormentar a varias trabajadoras, se retiró en su flamante camioneta.
Nielsen se marchó absolutamente sólo, iba a su apartamento y luego debía viajar a Lara para recoger a Melania, pero mientras se arreglaba en su casa, Sandra actuó. La muchacha lo había seguido y pudo llegar a la urbanización y esperó lo suficiente para poder tomar desprevenido al sujeto.
La “sicario” pudo salir por uno de los ventanales del apartamento.
Melania casi enloquece tras conocer la historia de Nielsen, sin embargo, su capacidad de aceptación y fortaleza le ayudaron a salir de la pesadilla. Hoy día esta mujer está felizmente casada y se convirtió en madre. Y jamás volvió a hablar del monstruoso Nielsen o de aquel noviecito cobarde llamado Gerardo.
Nota: Queremos recordar a nuestros lectores que este espacio ha sido creado en el ánimo de presentar a ustedes relatos en los que se mezclan realidad y fantasía; y cuyos temas para nada buscan lesionar a persona o institución alguna. Hasta la próxima historia.
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