¡Santa Patrona!

2 Edgar Figueroa Lozada
21/11/2009

Hoy en tu día queridísima Patrona, además de alegrarnos inmensamente por tan distinguida fecha, resulta imposible dejar de ocuparnos y preocuparnos por el destino de nuestra ciudad de Guarenas. La absoluta desidia que presenta, aunado a la inclemente inseguridad, miseria y abandono, nos lleva una vez mas, a elevarte plegarias para que por favor intercedas en beneficio de tu gente y vuelva así dar: “...frutos las ramas y se vistan de flores los prados y se pueblen los arados, de pomposo oro y flama...”, tal como lo reseñara el ilustre Pedro E. Gutiérrez, en algunas notas de tu hermoso himno.
Nuestra Señora Virgen de Copacabana, no obstante tu diminuto tamaño, bien sabemos de tu inmensa grandeza por Guarenas, desde tu proclamación como Patrona, el 21 de Noviembre de 1626. Para aquellos, que no te conozcan, vale decirles una vez mas que tu nombre obedece a una población del mismo nombre, ubicada a orillas del Lago Titicaca; el lago más grande en lo alto del mundo, perteneciente a la hermana República de Bolivia y, cuya elaboración se le atribuye a un humilde indígena, morador de la zona, muy devoto por lo demás, llamado Francisco Yumpaqui, por allá en las cercanías del siglo XVI. Hoy día sabemos en nuestra ciudad de las peregrinaciones y visitas que organiza el obispado por diversas zonas y barrios de Guarenas, llevando una réplica de tu imagen, ya que la original, se encuentra en su majestuoso altar de la Catedral que lleva tu nombre, en las inmediaciones del Pueblo Arriba de tu ciudad.
Excelsa Patrona, bien conoces cómo han cambiado las cosas en nuestro pueblo, en especial en lo que va de siglo. De hecho, se añora entrañablemente la paz y convivencia de décadas anteriores. Sobre todo de aquellos años dorados, que con todo y sus defectos no valorábamos, quizás por desconocimiento e ignorancia, pero que hoy día una buena parte de la población extrañamos resignadamente.
Como prueba de ello basta recordar, como una gran mayoría de guareneros esperaban ansiosamente la llegada del mes de noviembre para comenzar a celebrar estas fiestas patronales, acompañadas en gran parte con estrenos de ropas y calzados, patines y bicicletas y, hasta motocicletas y automóviles en el mejor de los casos. Se participaba muy alegremente y en sana paz, en aquellas tardes polvorientas de toros coleados, para luego retornar a casa y bañarse para asistir bien perfumados y dispuestos a cortejar a cualquier bella dama, en los distintos bailes de templetes, con la presencia de la reina de las festividades. Acto seguido, se amanecía dedicando serenatas por doquier, inspirados por el contagioso ambiente de la época. Vale añadir que, una vez concluidas las festividades patronales, el guarenero empataba estas fiestas con las misas de aguinaldos y las guarapitas de aquel degustoso vino pasitas, el cual permitía disipar el frió madrugador. Y desde luego se empalmaban estas, con las hermosas fiestas navideñas, con el decoro de arbolitos, además de los buenos tragos de wihsky y ron, acompañados de cantos y gaitas y, de las exquisitas y emblemáticas hallacas, además de los infaltables perniles y panes de jamón, entre otras cosas. Se finalizaban las mismas, con la llegada de los Reyes Magos; actividad creadora de los buenos amigos: Carlos Toro y Palacios.
Una vez iniciado el nuevo año, la gente se preparaba física y mentalmente para afrontar los nuevos retos laborales, que previamente le habían solicitado a la Copacabana, les ayudara. Y así, de esta forma el parroquiano echaba para adelante junto a su familia. Todo era prosperidad y armonía. Desde luego, había suficientes plazas de trabajo, menos criminalidad y un profundo respeto entre los moradores lo que generaba una excelente paz, que hoy tristemente observamos, cuanta falta nos hace. Es por esta causa y algunas otras, que te rogamos virgencita, que retorne a tu pueblo -y todo el país- el amor y la prosperidad, para así ver nuevamente a Guarenas, romántica como lo era antes y no, deprimida, fea y violenta como lo es ahora.
|