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El factor amenaza y pérdida de derechos desata la rabia en la población

En cada elección reaparece la pugna
entre amigos y enemigos de la Revolución

25/01/2009

Son treinta procesos comiciales en diez años del chavismo, entre presidenciales, regionales, municipales y referendos, todos signados por la diatriba entre los que aspiran a consolidar el poder revolucionario y los que privilegian la democracia representativa

Surgen algunos hechos “inesperados”, los estudiantes toman las calles, se producen enfrentamientos con la policía, gases van y vienen, oficialistas lanzan objetos contundentes a Bandera Roja cuando celebraba su (39) aniversario, presentan videos de “los guarimberos de clase media” y los bachilleres van a la Fiscalía a llevar las pruebas de la descalificación del ministro Jessy Chacón. Aparece el presidente Chávez diciendo que “no se les ocurra trancar las calles porque me los ponen presos”, refiriéndose a los jóvenes y se arrancan los aplausos de los seguidores ataviados de rojo.

En otro cuadro aparecen líderes opositores enardecidos reclamando por tales “atropellos”, dicen que pueden protestar en la ciudad, porque es su derecho. Estas escenas parecieran repetidas, lo que cabe preguntarse es el por qué se generan cada vez que se avecinan unos comicios en los que se decide una materia política. Resulta curioso ya que se ha repetido que el venezolano no es violento, pero, hay cifras y hechos históricos que siembran dudas, sobre esa afirmación. Véase los índices de fallecidos los fines de semana, aunque el móvil es delictivo, no deja de ser un signo preocupante.

También los muertos y lesionados que en la época difícil de la polarización, crearon tensión en la sociedad. Aquellos diecinueve venezolanos que perdieron la vida en la fatídica marcha del 11A-02, sin distingo ideológico quedan en la memoria. Para algunos analistas todas estas conductas tienen raíces en la injusticia social que ha perdurado en la nación y en los abusos desde las altas esferas. Para la lectura del domingo, consultamos la opinión de dos especialistas sobre este asunto, un sociólogo y un psiquiatra para conocer cuáles son sus visiones sobre las chispas violentas, de la última semana. De seguidas, el profesor Amalio Belmonte, analista social y Secretario de la UCV, en diálogo con esta redactora.

Espacios públicos versus poderes
¿Qué significa el fenómeno de la protesta estudiantil, en esta semana que se cumplieron 51 años del 23E-58?
Es muy importante porque el 23 de enero es muy simbólico. Se restituyó la democracia y en consecuencia la autonomía universitaria. Por eso los estudiantes están ratificando el significado que tiene este día. La nueva generación quiere mantener su democracia, quiere reafirmar la libertad y no permitirá ser satanizada por el Gobierno.

En los últimos días, las manifestaciones han terminado en violencia, cada vez que viene un proceso electoral, aparecen estos brotes de lado y lado. ¿Por qué ocurre esto?
Lo que pasa es que los procesos electorales en todas las partes del mundo son pacíficos. Aquí no, porque continúan en pugna dos modelos de ver la vida. Pero, en esta oportunidad, se ha acentuado la violencia del sector oficial. Hemos visto que todas las marchas pacíficas de los estudiantes han sido atacadas con bombas lacrimógenas como lo ordenó el Presidente. El dilema es que el Presidente de la República considera que esta es una lucha entre amigos y enemigos, y visto de esa manera, sin duda que las campañas electorales tienden a parecerse a ese discurso.

¿Usted piensa que en realidad puede haber una protesta pacífica o todas son “desestabilizadoras” de un gobierno?
El problema de Venezuela es que los espacios de participación se han ido cerrando, cada vez más, sean los sindicatos, los gremios, todo está reglamentado, limitado, entonces lo que queda son los espacios públicos. En ese sentido, yo creo que de aquí en adelante la lucha política va a transcurrir en las calles porque los espacios naturales (los Cabildos, los Congresos), en fin, están cerrados o muy limitados.

Violencia, paranoias y poder
Para el psiquiatra Rómulo Aponte, en el ejercicio del poder en Venezuela se ha observado la intolerancia por las ideas del contrario, no es un fenómeno nuevo pero se ha venido agudizando. Se añade la noción de injusticia que permea al grueso de la población. Éstas fueron parte de sus reflexiones para los lectores, sobre “la crisis de violencia en distintos sectores” que nos toca a todos.

¿El venezolano es violento o anárquico?
No, yo no pienso que sea violento o anárquico. Yo pienso que el venezolano tiene una percepción de injusticia que activa su sentimiento de rabia. El abordaje psicosocial de la violencia tiene que asumir las consideraciones sobre lo que las personas puedan considerar como injusto. Los venezolanos podemos tener la percepción que vivimos en un país rico, con yacimientos de petróleo, fuente de energía para movilizar la economía mundial, con grandes recursos, pero que fueron mal administrados y por eso, persisten los problemas. Muchos no tienen vivienda, un trabajo con el que cubrir sus necesidades, no tienen acceso a la educación o a la salud, de tal manera que cuando la gente percibe que sus necesidades no están satisfechas, viviendo en un país como éste, se activan las ideas de injusticia y esto a su vez estimula la rabia y las conductas violentas. Ahora son las protestas estudiantiles, pero antes fueron los trabajadores y tantos otros.

¿La protesta estudiantil estaría recogiendo parte de ese sentimiento de injusticia?
Sí, yo he escuchado a muchos estudiantes manifestar que ellos como jóvenes emergentes quieren acceso a las posiciones de poder, de toma de decisiones en el país político. Por eso, una proposición ilimitada de reelección para que un grupo se perpetúe en el poder, es visto como una acción injusta o puede ser interpretada de esa manera. De modo que los jóvenes se sienten afectados por esas medidas de pretensión de permanencia indefinida en el poder. Más cuando se utilizan los fondos púbicos para una proyección y logros políticos individuales. De allí la importancia del buen manejo de los recursos públicos.

Tanto los revolucionarios como los opositores dicen que viven bajo “amenaza”. Unos piensan que les quitarán las Misiones, otros la libertad y derechos políticos. ¿A dónde conduce ese término que se escucha a cada tanto?
Yo pienso que se ha activado una ideación de pensamientos paranoicos por cuanto distintos sectores del país se sienten amenazados, agredidos por el otro. Quizás ambos tengan razón, no es por justificar esa paranoia, sino porque el ejercicio político inteligente, con contenido humano, con respeto a la disidencia, con el discurso de altura y el respeto, no es lo que ha caracterizado el ejercicio de la política. Nunca lo ha sido en Venezuela y ahora no es la excepción. Más bien ha imperado un ejercicio de la política primitivo, inspirado en las emociones que en los análisis y en la elevación del pensamiento para el bienestar común.

Mildred Pineda Tapia / mpineda@diariolavoz.net

 
   
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