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Sucesos 18/06/2017 12:04 am

El destripador de Francia

Durante el juicio, Joseph Vacher escribió una carta al juez confesando: “Si, yo cometí esos crímenes, los hice en momentos de ira”. En la carta se declaraba demente tras haber sido mordido por un perro rabioso cuando él tenía ocho años, por lo que su sangre quedó permanentemente envenenada

Conocido como el destripador de Francia, Joseph Vacher fue un asesino serial que causó gran conmoción durante el siglo XIX. Su apariencia atemorizaba, pues su rostro estaba desfigurado debido a un intento de suicidio, su atuendo siempre iba acompañado de un sombrero de piel de conejo. Su apodo de destripador lo ganó con su modus operandi, ya que mutilaba a sus víctimas con brutalidad.

El destripador de Francia nació el 16 de noviembre de 1869 en Bourg-en-Bresse, Beaufort, Francia. Era hijo de una familia de granjeros y, como era la tradición, fue enviado a realizar sus estudios en una estricta escuela católica, donde aprendió obediencia y a temer a Dios. La niñez de Joseph estuvo vinculada al campo y pronto su perturbada mente empezó a experimentar torturando animales y golpeando a las jóvenes campesinas con las que solía tener relaciones sexuales.

Cuando Joseph tenía 19 años, en 1889, fue arrestado por intentar violar a un niño. Vacher escapó de las necesidades y el hambre que se vivían en su hogar (era el último de 15 hermanos en su familia) uniéndose al ejército. Su lento progreso dentro de la milicia, seguido de un ataque depresivo lo condujo a su primer intento de suicidio tras cortarse la garganta sin éxito.

Nace el homicida

En 1893, mientras aún estaba en el ejército, se enamoró de una joven sirvienta llamada Louise, mujer a la que trató de cortejar en varias ocasiones, pero ella rechazaba sus avances. Cuando Joseph culminó su servicio militar le propuso matrimonio, pero la joven se burló de él. Vacher, tras el rechazo, comenzó a mostrar su malvada personalidad y le disparó cuatro veces, aunque por suerte ella sobrevivió.

Tras el intento de asesinato, el soldado psicópata intentó suicidarse al dispararse en la cabeza dos veces, una de las balas se alojó en su cráneo, cerca de su oreja, y como consecuencia de ésto los músculos de su rostro derecho se paralizaron al igual que su ojo y la bala permaneció en su cabeza hasta el día de su muerte. Después de este evento, Joseph terminó mentalmente inestable y fue ingresado a una institución mental.

Una vez internado, Vacher escapó a los pocos días, pero fue recapturado cuando apareció el cadáver de un joven de 17 años con múltiples puñaladas y el abdomen abierto. Joseph se declaró culpable y lo reingresaron en el sanatorio. Aunque el tratamiento médico no hizo nada por él, los doctores le dieron de alta tras ser considerado completamente curado, por lo fue liberado en abril de 1894.

Tras su liberación, Vacher, de 24 años, se convirtió en un vagabundo y por los próximos cuatro años viajaba de pueblo en pueblo por el sur de Francia, desde Normandía a Provenza, sobreviviendo con las limosnas que pedía tras tocar su acordeón y como jornalero en granjas clandestinas.

Durante este tiempo, descuartizó seis mujeres y cinco adolescentes. Su degenerada mente hizo que tuviese relaciones con los cadáveres y posteriormente mutilara sus órganos sexuales. Vacher acechaba a sus víctimas cuando estaban solas, para atacarlas con su cuchillo. Muchas de las personas que mató eran pastores que cuidaban ovejas en el campo. Su perversión hizo que comiera sus vísceras, bebiera su sangre e incluso les sacaba los ojos.

La última presa del destripador de Francia fue la razón de su captura. Cuando el 4 de agosto de 1897, atacó a una mujer en el campo Ardèche mientras recolectaba piñas, ella se resistió y sus gritos de auxilio alertaron a su esposo e hijo, los dos sometieron a Joseph y lo llevaron a la policía. Sin embargo, las autoridades tenían pocas evidencias sobre la participación de Vacher en los brutales asesinatos y por su ofensa lo sentenciaron a tres meses en prisión.

De inmediato, se llevó a cabo una prolongada investigación psiquiátrica dirigida por el eminente profesor Alexandre Lacassagne, quien diagnosticó a Joseph legalmente cuerdo y apto para ser enjuiciado. El profesor llegó a esta conclusión debido a que el asesino detalló con exactitud los crímenes que había cometido y que en su bolso llevaba lazos previamente cortados y la navaja plegable de mango de madera con la que apuñalaba a sus víctimas.

Joseph fue juzgado por matar a un joven pastor en 1895. Pronto se descubrió que también asesinó a una anciana, cinco mujeres pastoras y cinco jóvenes pastores. Se cree que en sus viajes, Vacher acabó con la vida de unas 30 personas.  El destripador de Francia fue sentenciado a muerte el 28 de octubre de 1898 y la multitud aplaudió ante el veredicto.

El 31 de diciembre de 1898 fue llevado a empujones hacia el cadalso, debido a que se rehusaba a avanzar, la multitud aplaudió cuando la cabeza de Joseph Vacher fue cercenada por la guillotina y rodó por el piso.

Un precedente

Aunque las investigaciones posteriores a la muerte de Joseph Vacher no sirvieron para hallar el resto de los cuerpos, algo bueno surgió de esta macabra historia: en 1912 se creó una ley que fichaba a todos los vagabundos y errantes que merodeaban en Francia y también se crearon brigadas móviles de la policía judicial, las cuales se conocerían como brigadas del tigre, encargadas de que el caso de Joseph Vacher no se volviera a repetir y aumentando la seguridad en las zonas rurales.

Edda Pujadas

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