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Nacionales 08/06/2014 12:14 am

SIN RODEOS: Una gringa en pobreza extrema vive en Petare (+fotos y videos)

 Donde antes habían unos ranchos, ahora hay destrucción, gracias a la arremetida de la Guardia Nacional Bolivariana. En medio de ese desastre vive “La Gringa”/ Foto: Giovanni Martínez

Donde antes habían unos ranchos, ahora hay destrucción, gracias a la arremetida de la Guardia Nacional Bolivariana. En medio de ese desastre vive “La Gringa”/ Foto: Giovanni Martínez

“Qué triste vive mi gente, en los techos de cartón”, recitaba Alí Primera hace 42 años… hoy, en la “Venezuela potencia”, la prosa del cantor del pueblo sigue más vigente con nunca, a pesar de la descomunal cantidad de dólares que ha ingresado durante los últimos 14 años… ¿no me creen? Vayan al inicio del Distribuidor Metropolitano, frente a Terrazas del Ávila, para que vean cómo la pobreza extrema desnuda el teatro de la “revolución bonita”…
 

Llegaron armados como si fuesen a enfrentar a una peligrosa banda de malandros. Pero no, quienes allí estaban eran humildes venezolanos junto a “La Gringa” como todos la conocen… ¿y cuál era su delito?: ser pobres. Con maquinaria y mandarria, efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), tumbaron ranchos y destruyeron sembradíos de unas 20 familias que a duras penas sobreviven en un terreno invadido, ubicado en una ladera al inicio del Distribuidor Metropolitano y al lado de una quebrada.
Ni el llanto de los niños ni el desespero de hombres y mujeres al ver sus precarias viviendas venirse al suelo debido a la destrucción provocada por las retroexcavadoras, detuvo a los uniformados de verde. Tan traumático fue el operativo del “Gobierno humanista”, que estas personas en condición de pobreza extrema casi no duermen porque temen que en cualquier momento se repita la acción de la GNB. Y es que tras la “hazaña” del pasado 28 de mayo, quienes quedaron en la intemperie fueron amenazados con sacarlos con igual o mayor brutalidad, pero esta vez de forma definitiva, sin ofrecerles siquiera un refugio o un sitio dónde reubicarlos.

La estadounidense pobre de Petare

Jennifer con sus dos hijos: Christian de 4 años y Déborah de 5

Jennifer con sus dos hijos: Christian de 4 años y Déborah de 5

Rubia, ojos verdes y con el típico acento del estadounidense cuando habla español. Al referirse a sus hijos y de cómo la GNB le destrozó su rancho, contiene las lágrimas pero no puede evitar que se le quiebra la voz.

Así es Jennifer, a quien le dicen “La Gringa”. Todos la tratan como a una más en la invasión. Christian de cuatro años y Déborah de cinco, de grandes y bellos ojos color aceituna, son dos de sus tres muchachos. A pesar de la desolación, brincan y juegan en medio de los escombros de los ranchos derribados, junto a los otros 17 niños que están en el sector. Su inocencia sirve de muro de contención ante sus precarias condiciones de vida.

“La Gringa” tiene 30 años y dice que es nativa del estado de La Florida, específicamente de Fort Lauderdale. “Llegué a Venezuela en 2004” y relata que se vino de Estados Unidos porque se casó con un venezolano, quien posteriormente la abandonó y se llevó al mayor de sus hijos. Allí empezó el calvario de Jennifer, que sin documentación y sin trabajo fue a parar a una invasión en Petare.
A pesar de todo lo que le ha pasado en estas tierras, asegura que “no tengo corazón para mi país, pero para Venezuela sí, porque aquí me gusta vivir, es muy diferente aquí”.

“La Gringa” relata que levantó su rancho “a punta de pico y pala” para que sus hijos tuvieran un lugar dónde dormir. Eso hasta que la GNB llegó y se lo tumbó. “Si Chávez hubiese estado aquí, estoy segura que no hubiese mandado aquí a la Guardia (Nacional Bolivariana) a tumbarnos los ranchos y dejar a un poco de carajitos en la calle. Maduro tiene que ayudarnos, hay muchas familias que no tenemos casas y vivimos en las calles”.

En un rancho de tablas

En ese rancho de tablas al borde de una quebrada vive Jennifer con sus dos hijos

En ese rancho de tablas al borde de una quebrada vive Jennifer con sus dos hijos

A pesar de la crueldad con la que actuó la GNB, Jennifer no evoca rasgos de rencor en su testimonio, incluso justifica la acción de los guardias –“están cumpliendo su trabajo”, dice-, pero cuestiona la forma en que procedieron. “Tuvieron que hablar con nosotros, porque no tenemos casas dónde vivir (…) para no quedarme sentada en la calle con un palo de agua a las once de la noche con mis hijos. Ellos (el Gobierno) tenían que buscar la manera de cómo ayudarnos”.

En el terreno invadido, le pido a Jennifer que me muestre dónde vive en la actualidad. Camino junto a ella y sus hijos por una especie de barranco en cuyo fondo está una quebrada. Luego me señala un poco de maderas sobrepuestas y me dice: “Vivo allí con mis muchachos (…) Así me tumben mi rancho yo vuelvo a construirlo. Quiero que el Gobierno me dé una solución porque mis hijos son venezolanos, ellos son los que están sufriendo, yo no porque puedo luchar sola”.

Se le vuelve a quebrar la voz cuando recuerda que la GNB se llevó “hasta las camas de mis muchachos. Yo tuve que sacar un colchón del fondo de la quebrada y ponerlo a secar para que mis hijos durmieran allí, para que no duerman sobre el piso de tierra… es un abuso que se hayan llevado la cama de los niños y los corotos”.

Y el país se nos va al carajo…

Así será de contundente la realidad, que el Instituto Nacional de Estadística (INE), por más maquillaje numérico no pudo ocultar lo que a simple vista se percibe en la calle: el brutal incremento de la pobreza a Venezuela, lo que no tiene perdón en medio de tanta bonanza petrolera. Hace tres semanas, en estas mismas páginas, el periodista y luchador social, Chuo Torrealba nos puso en contexto esta brutal situación en su espacio Radar de los Barrios: “Durante el 2do semestre del 2012 al 2do semestre del 2013, la gubernamental fábrica de pobres, bajo la gerencia bicéfala del dúo Diosdado-Maduro, produjo a razón de 5.479 pobres diarios”.

Esas cifras tienen el rostro de Jennifer, sus hijos y de las otras 19 familias que habitan esa invasión en una ladera del Distribuidor Metropolitano. Lo que llama a la reflexión de esto es que la mayoría de estas personas se identifican políticamente precisamente con la corriente que les ha negado un futuro y de paso los ha humillado en su condición de pobres, con la arremetida de la Guardia Nacional Bolivariana. Es allí donde se aprecia lo ausencia del mensaje de la oposición, en el bastión electoral del chavismo. Esta gente está ubicada en un municipio donde el alcalde es de Primero Justicia –Carlos Ocariz-, y el gobernador es de esa misma tolda –Henrique Capriles-, pero a ninguno de los dos los han visto por allí… no es sólo por Twitter donde se puede hacer política… hay que patear calle para convencer que es una alternativa… ¿estará la oposición consciente de eso o seguirá el divisionismo imperando mientras el país se nos va al carajo?

SIN RODEOS / Richard Sanz @rsanz777

 

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